Cuando la búsqueda de sanar el cuerpo nos acerca a nuestra espiritualidad

en Artículos10 de agosto

Experiencia de vida

Mi inquietud espiritual navegó hasta no hace mucho tiempo entre la incertidumbre y la dualidad de este mundo, casi siempre guiado por las necesidades más inmediatas, siguiendo el camino señalado por la satisfacción de mis deseos personales, la mayoría de las veces sin considerar al prójimo ni sus necesidades.

Si bien las cuestiones espirituales siempre estuvieron presentes en mi vida, al menos así lo siento ahora, ocupaban sólo un rol “de reparto”, nada protagónico.

Pero al no escuchar la voz de la Conciencia, el cuerpo se expresó dramáticamente…No es momento de ahondar en detalles, basta decir que sólo represento un caso más de los muchos, por no decir de casi toda la humanidad.

La afanosa búsqueda por sanar mi cuerpo comenzó hace unos cuatro años.

Tampoco es el caso relatar en detalle mis vivencias y “coincidencias” que me llevaron a conocer a Daniel. Si, puedo afirmar que, desde ese entonces, hace poco menos de dos años, lo espiritual y lo material trocaron su importancia en mi vida. El rol “de reparto” paso a ser representado, casi súbitamente, por las necesidades materiales, incluso las de mi propio cuerpo. Y así hoy puedo asegurar que la enfermedad ha sido un “maestro” que me ha llamado a reencauzar mis pasos hacia el Sendero de la Luz.

Puedo decir hoy que nada es casual. Que la ley de causa y efecto es inexorable. He sido y seguiré siendo siempre, artífice de mi propia vida, de mis aciertos y de mis errores, pero todos ellos fueron guiados por las necesidades de mi ego, apartándome de la Verdad y de la Vida Eterna. Así y todo, hoy tengo en claro que el alejamiento fue mío, el Padre siempre estuvo, está y estará en el mismo lugar, siempre dispuesto a darme todo el amor y toda la asistencia que yo esté dispuesto a recibir.

El miedo a la Verdad es el primer gran enemigo que vencer y el Amor es todo lo que necesitamos para hacerlo.

Hoy entiendo que, aunque el camino es arduo y a veces sinuoso, todo fue y es parte de una experiencia personal. Una experiencia donde la justicia y el amor siempre estuvieron presentes, aunque no lo percibiera y siempre lo estarán.

Ahora, como ha sido y será, todo depende de mí. Así fue y así debe ser. El libre albedrío, que el Padre con amor infinito nos otorga, nos permite elegirnos para ser elegidos y merecer estar en el Reino de los Cielos al que pertenecemos.

Rubén

(Ciudad Autónoma de Buenos Aires)