La Mente

en Audios09 de enero

Cuando pienso de manera egoísta invoco una emoción que acompaña a ese pensamiento, y esa emoción es indispensable para que el cuerpo obtenga el impulso, el motor para obrar.

Debo cuidar lo que consumo con mi mente. Tal vez selecciono lo que como para cuidar mi cuerpo físico, pero no cuido mi mente, y es ella la que lleva a la perdición. Esto es lo que dijo Jesús: “No lo que entra por la boca ensucia sino lo que sale de ella”. Eso ensucia el espíritu. Él hablaba de lo que sale de la boca, que está almacenado en la mente.  Lo que viene impulsado desde el Corazón y es tomado por la mente para darle un orden, y poder plasmarlo en palabras o hechos para que pueda alcanzar a todos,  eso no ensucia.

La mente no puede ser utilizada por lo más puro de nuestro Corazón porque siempre está entretenida y distraída con cosas materiales. Tenemos tantas cosas que hacer, que a veces no tenemos tiempo para hacer ni ese minuto de silencio a la noche para meditar.

Meditar es hacer silencio. Es atender sin intención. De todo lo que percibo no voy detrás de nada en particular, estoy atento. Porque atendiendo sin irme detrás de nada en particular es que puedo recibir la palabra del Padre. Si voy detrás de algo que a mí me interesa, difícilmente ponga mi atención en su palabra.

Pongamos ese orden en nuestra mente y se ordenarán las emociones que acompañan al pensamiento y ésto ordenará el cuerpo. Seamos serenos. Meditar no es un momento, meditar es todo el día. Las 24 horas  hay que estar atentos para ver qué consumimos.